jueves, 29 de junio de 2017

Municipio Cabañas Por: Ruslán Olivares

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Plano del municipio Cabañas
Cabañas era un antiguo término municipal de la provincia de Pinar del Río. Tenía un área de 900 Km2 y una población de
unos 31 900 personas, el 70 % de la cual era rural. El municipio se dividía en 13 barrios: Aguacate, Bahía Honda, Carenero, 
Ceiba, Conchita, Damas, Delicias, Maní – Maní, Orozco, Pueblo, Rosario, San Diego Núñez y San Miguel; y 906 fincas. 
El área total cultivada ascendía 18 163 ha y su santa patrona era 
Nuestra Señora de 
Guadalupe.

Descripción geográfica y límites:

Se encontraba situado en la costa norte de Pinar del Río, en la porción oriental de la provincia.
Limitaba por el norte con el
golfo de México, por el este con los términos municipales de Mariel y Guanajay; por el sur con los términos municipales de Artemisa, Candelaria, San Cristóbal y Los Palacios; por el oeste su límite era el municipio de Consolación del Norte.

La parte sur de Cabañas era montañosa y en la misma destacaban las sierras del Rosario y del Rubí. En cambio, la parte norte era cenagosa, especialmente
entre la punta de La Gobernadora y la bahía de La Mulata. El resto del territorio se encontraba
ocupado por una fértil llanura.


En opinión de Cirilo Villaverde las elevaciones que rodean la ancha bahía de Cabañas forman tres estribos que se desprenden del Rubí,
de los cuales el primero era conocido antiguamente con el nombre de Loma del Pelado, el segundo con el de Rojas y el tercero con el San Luis, agregando
el propio autor que la forma de chozas campestres que presentan desde el mar estos tres estribos fue lo que, a su juicio, indujo a los primeros boxeadores de la Isla,
Sebastián de Ocampo y Antón de Alaminos, a denominar Cabañas a la bahía, reafirmándose en esa opinión al destacar que el nombre no es indígena y aparece, además, escrito
en los mapas o derroteros de aquellos célebres marinos.



Cabañas 1950.



El territorio era regado por los ríos Plata, Dominica, San Claudio, San Miguel, Montañas, Bahía Honda y Cabañas, todos los cuales corren hacia
el norte y son de escaso caudal. Merecen citarse, por las bellezas naturales que encierran, los valles de
San Claudio. San Diego de Núñez y Merceditas


El poblado de Cabañas en los años 50
El puerto de Cabañas está ubicado en un tramo de costa de emersión, forma a la entrada un cañón como de dos kilómetros de
largo y uno de ancho y ofrece un fondeadero al abrigo de todos los vientos y capaz de recibir embarcaciones de cualquier
calado. La mayor extensión del puerto es de unos diez kilómetros de este a oeste, no midiendo más de cinco kilómetros de
norte a sur. Su interior lo forman dos grandes ensenadas, interponiéndose entre ellas la península impropiamente llamada
cayo de Juan Tomás, en cuyo extremo norte que avanza hacia el medio del cañón se levanta la fortaleza o torreón de la Reina
Amalia que defendía el puerto en la época colonial. De dichas ensenadas la mayor y más occidental es la de Benet, y se
subdivide en otras secundarias como las de Rojas y Juan Tomás. Desaguan en ellas el río Cabañas al sur y el La Plata al
sureste. Hay en la bahía de Cabañas varios cayos, todos de buena tierra, como los de Coco al noreste y el de las Almejas al sur.

Pedro Sáenz Yañez. General de brigada


La boca del puerto de Bahía Honda – que también pertenecía al término municipal de Cabañas al oeste del de Cabañas, tiene un ancho de 1,3 kilómetros aproximadamente, presentándose abierta al norte entre la punta de Los Pescadores. Forma la entrada un cañón como de un kilómetro y medio de largo y ancho muy variable y de orillas sucias de arrecifes, después del cual se ensancha interiormente, convirtiéndose en un espacioso y abrigado tablazo. La anchura mayor del puerto de Bahía Honda es de este a oeste unos cinco kilómetros, siendo muy sinuoso en su contorno, formando varias ensenadas, con las respectivas puntas que las distinguen unas de otras.

La cabecera del término municipal era Cabañas, que fue fundada alrededor del año 1812. Conforme al último censo republicano en 1953 contaba con entonces con 2226 habitantes.


Estas cuatro imágenes son gentileza del grupo en Facebook  "Pueblo de Cabañas."

Mayor población tenía Bahía Honda, 3 042 habitantes. Esta población tomó su nombre de una hacienda mercedada el 11 de septiembre de 1648 y repartida más de un siglo después en 1779, año en que se levantó la primera casa alrededor de la cual surgiría la población. Bahía Honda se encuentra situada a dos kilómetros de la costa norte y del puerto del mismo nombre, cerca de las faldas de la Sierra del Rosario y de la orilla derecha del río Bahía Honda. Tanto el caserío como el poblado cobraron importancia a partir de 1812 cuando se edificó la fortificación de San Fernando al este de la boca del puerto y en bien elegida posición para dominar su entrada. La construcción del castillo fue un factor determinante para el progreso del poblado, que hasta entonces se veía constantemente amenazado por los corsarios de las los territorios continentales de España levantados en armas contra la Península.

En 1859, Bahía Honda era una de las 31 jurisdicciones en que se dividía Cuba y le pertenecían San Diego de Núñez y Las Pozas. Por el Real Decreto de 27 de julio de 1869 se establece su ayuntamiento, que desapareció al dictar el general Leonardo Wood la Orden Militar 23 de 1902 disponiendo, entre otras cosas, su anexión a Cabañas.

Se afirma que en 1794 se levantó en este lugar una ermita dedicada a San José, la cual el Obispo Espada en 1822 agregó como auxiliar a la parroquia de Las Pozas (Cacarajícara). Reconstruida la ermita en 1822, ocho años después hubo que hacerle importantes reparaciones por los daños ocasionados por un fuerte ciclón. En el año de de 1861 el obispo Fleix y Solans la hizo parroquia.

Otro núcleo de significación es el central Orozco, cabecera del barrio del mismo nombre, que en el censo de 1953 tenía un total de 11 740 habitantes.

Sólo por la importancia que tuvo en el siglo XIX como cabecera de Partido, primero, y como término municipal después – carácter que perdió durante la primera ocupación norteamericana – se debe mencionar el poblado de San Diego de Núñez.Economía:

El suelo del antiguo término municipal de Cabañas es muy fértil, como lo demuestra la forma en que esa zona de la provincia aprovechó la expansión azucarera y lo corrobora el hecho de que en la década de 1950 su producción agrícola anual equivalía al 7 % de la de Pinar del Río. Producía Cabañas entre otros rubros agropecuarios menores: caña de azúcar, arroz, ganado, malanga blanca, yuca dulce y otras viandas, frutales, maíz, café, tabaco y productos forestales. El cultivo de la caña constituía el 56 % de los ingresos agrícolas del término municipal y el 32 % del total producido por la provincia. Cabañas constituía el mayor productor de caña de azúcar de Pinar del Río. Seguía en orden de importancia el arroz, que aportaba un 17 % del total de ingresos al municipio por productos agropecuarios, luego el ganado con un 11 % y finalmente las viandas con un 6%.

Cabañas ocupaba el segundo lugar entre los términos municipales de la región occidental del país que producían café y, además, figuraba en un lugar destacado entre todos los municipios del país que producían plátanos frutales, con más de 30 000 racimos.

Sus áreas dedicadas al pastoreo sumaban 23 610 hectáreas, las cubiertas de monte 8 976 y las afectadas por el marabú apenas 952.

Contaba Cabañas con tres centrales azucareros:

- Central Bahía Honda: Fundado en 1870, de propiedad cubana, con capacidad de molienda de 210 000 @arrobas de caña diarias.

- Central Merceditas: Fundado en 1902, de propiedad norteamericana, con capacidad de molienda de 180 000 @ de caña diarias.

- Central Orozco: Fundado en 1813, de propiedad cubana, con capacidad de molienda de 272 000 @ de caña diarias.

El embarque de los azúcares que se producían en estos tres centrales, más el que producía el central Niágara de Consolación del Norte le otorgaba algún movimiento comercial a los puertos de Bahía Honda y Cabañas.

Datos censales:

Durante la República el municipio de Cabañas cuadruplicó su población debido, fundamentalmente, a la creación de puestos de trabajo asociados a la industria azucarera:

Población del término municipal de Cabañas según los censos de 1887  a 1953

1887 1899 1907 1919 1931 1943 1953
21 246 7 107 11 552 17 649 21 623 28 303 31 939

Como se puede apreciar en el censo de 1899 la población del término municipal de Cabañas fue duramente golpeada por los horrores de la Guerra del 95, sobre todo por la Reconcentración de los campesinos ordenada por el Capitán General Español Valeriano Weyler. Tuvieron que pasar más de 30 años para que el municipio recobrará la cantidad de habitantes que tenía según los datos del censo de 1887.

Según el censo de 1953 el número de viviendas urbanas en el término municipal de Cabañas era de 1 965 y el rurales 4 399, lo que hacía un total de 6 634 casas en total; la población económicamente activa (14 años o más) ascendía a 10 690 habitantes; de la población total de 31 939 que arrojó el censo un alto porcentaje (38.4) se declaraba analfabeta.

Comunicaciones:


Un puente en la carretera Cabañas - Bahía Honda (principios del siglo XX)
El término de Cabañas era atravesado de este a oeste por el Circuito Norte de Carreteras que permitía la comunicación de una parte con Quiebra Hacha, Mariel, Guanajay, la Carretera Central y La Habana y de la otra con Bahía Honda, La Mulata, Las Pozas, La Palma, San Vicente, Viñales y Pinar del Río. También existía una carretera que conducía a Artemisa atravesando la zona montañosa.

El municipio contaba con servicios de correo, teléfono local y de larga distancia y telégrafo tanto en la cabecera de Cabañas como en Bahía Honda.

Historia local:

La primera merced otorgada data del 29 de mayo de 1599 y fue concedida a Juan Suárez para explotar el corral de La Dominica, pero antes de que cobrara fuerza la colonización del territorio la Cabañas alcanzó notoriedad cuando en aguas cercanas a su bahía - el 30 y 31 de agosto de 1638 - se produjo una gran batalla naval entre la flota de galeones española procedente de Portobelo y Chagres, comandada por Carlos de Ibarra, Marqués de Caracena, y una escuadra corsaria bajo el mando de Cornelio Jols “Pata de Palo”, quien tuvo que huir tras perder varias embarcaciones.

Tuvieron que transcurrir casi doscientos años para que en 1779 se comenzara a fomentar el primer caserío en lo que hoy es Bahía Honda. Un poco más tarde, en 1805, surgiría el poblado de San Diego de Núñez, cuando en cuatro solares donados por Matías Pérez Sánchez fue erigida una ermita de construcción muy modesta que fue destruida durante la Guerra del 95 cuando ya había sido reconocida como parroquia. Fue San Diego Núñez durante el siglo XIX, y hasta la destrucción que trajo aparejada la última contienda emancipadora de Cuba, un poblado de relativa importancia; tanto así que en 1879 se le permitió constituir su propio ayuntamiento, condición que perdió durante la primera ocupación de Estados Unidos cuando fue anexado al término municipal de Cabañas.

En 1812 Bonifacio Duarte, que esperaba adquirir el título de marqués de Cabañas adquirió unas doce caballerías del antiguo corral La Dominica con el objetivo de fundar una población donde apenas existían algunas chozas de embarrado habitadas por pescadores. Como, en definitiva, no lograra su propósito subastó todo el lote que fue pasando por diferentes dueños y subdividiéndose. En 1822 el pueblo de Cabañas fue definitivamente trasladado a su posición actual ocupando una caballería y media de tierra.


Brigadier del Ejército Libertador
Pedro Sáenz Yáñez
Cabañas tuvo una vida lánguida durante el resto del siglo XIX y nunca adquirió gran importancia, no obstante su Ayuntamiento fue creado por disposición del Gobernador General el 6 de septiembre de 1878, comenzando su vida municipal el 1ro de enero del año siguiente.

Durante la Guerra del 95 el territorio del municipio de Cabañas fue escenario de encarnizados combates como los de El Rubí y Lomas de Tapia sostenidos por el Lugarteniente General del Ejército Libertador cubano, Antonio Maceo. La población de Cabañas, sobre todo la campesina se redujo considerablemente durante la contienda a causa de la criminal política de Reconcentración ordenada por el Capitán General Valeriano Weyler y Nicolau.

Entre los cubanos ilustres de Cabañas que jugaron un papel destacado en las conspiraciones independentistas es imprescindible destacar al gran novelista Cirilo Villaverde; pero también se debe mencionar a Martín Herrera Montero, quien fuera fundador del Club San Carlos de Cayo Hueso en La Florida. A la última gesta independentista Cabañas aportó al ejército Libertador valiosos cuadros militares como el brigadier Pedro Sáenz Yañez; el coronel Carlos Socarrás y Acosta, valiente oficial que se lanzó al campo de la independencia al frente de su familia y muriera heroicamente en el combate de Cacarajícara; el coronel Indalecio Sobrado; el teniente coronel Alejandro Gravier y otros muchos que se consagraron a la causa de hacer a Cuba libre.

Durante la República el término municipal de Cabañas no permaneció ajeno a las convulsiones políticas del país, especialmente durante los años 1906, 1912 y 1917: Durante la Guerrita de Agosto hubo en el territorio algunas partidas de liberales alzados contra el gobierno de Tomás Estrada Palma; en 1912 no llegó a producirse ninguna insurrección, pero algunos vecinos sufrieron arresto y persecución acusados de estar comprometidos con el alzamiento del Partido Independiente de Color; en 1917 se sublevaron pequeños núcleos de liberales contra el presidente Mario García Menocal sin que se produjeran combates con la fuerza pública. Por último, durante la guerra insurreccional contra el gobierno del presidente Fulgencio Batista en Cabañas algunas fuerzas rebeldes se enfrentaron contra las fuerzas del ejército.

Formaba parte Cabañas del partido judicial de Guanajay; contaba con un juzgado municipal de tercera clase en la cabecera y juzgados municipales de cuarta clase en Bahía Honda y San Diego Núñez, correspondiéndole, también, la zona fiscal de Guanajay. Tenía el municipio jefatural local de Salubridad, Junta de Educación, oficina local de Comunicaciones y Junta Municipal Electoral.

Alcaldes municipales:

1899: José Barrios Trujillo
1900 – 1901: Rafael Gutiérrez Marín
1902 – 1907: Sin información disponible
1908: José Barrios Trujillo
1912: Gregorio Hernández Reyes
1916: José Barrios Trujillo
1920 – 1922: Modesto Tellería
1926 – 1932: Lorenzo Martínez Nodarse
1933: Eloy Cepero Socarrás (facto)
1936: Juan Rivero Bonet
1940 – 1944 – 1946: Jorge Luis Coronado Pedro
1950: Jorge Alonso Patiño
1954: Alfredo Abella Milián

Bibliografía consultada:

- La Enciclopedia de Cuba. Tomo 9. Municipios Pinar del Río, La Habana. Madrid. 1974.


Temas relacionados. Ingenio Orozco.

Fotos del Mariel, 1957.

Calle Fernando Valdez Mariel 1957

Pavimentación Calle Céspedes Mariel. 1957

 Pavimentacion de Calle Fernando Valdez 1957

Pavimentación aceras Calle Fernando Valdez 1957

Parque del Mariel 1957. 

Calle principal del Mariel, en lo que hoy se conoce como en sector del Bar de la salida. 1957

Calle principal del Mariel, sector escuela Playa Girón. 1957


Fotos aéreas de la bahía de Cabañas. 1957.





Desde afuera del Blog. Mariel, del lado de acá


Desde afuera del Blog. Son enlaces que iremos colocando en el Blog, sobre temas relacionados con el Mariel. Al pinchar en el enlace será remitido a la pagina donde esta publicado el artículo.

Mariel, una novela que se desarrolla, en nuestro pueblo, del autor José Prats Sariol


"Lo primero que sorprende al leer esta novela del cubano José Prats Sariol es que en nada se parece a las que suelen exhibirse con abrumadora frecuencia en las mesas de novedades de librerías y supermercados. A medida que vamos penetrando en la densa trama de los más dispares destinos, tejida con una soberbia malicia a la que ya el lector de hoy no suele estar acostumbrado, no podemos menos de caer en un asombro teñido de curiosidad, casi diría yo de incredulidad. Una novela en donde cada capítulo nos describe una red siempre inusitada de destinos cargados de una humanidad cuya evidencia nos arrastra a continuar ese viaje sin regreso al que nos tienen acostumbrados los grandes rusos de todas la épocas, es algo que realmente nadie podía esperarse.

Ninguno de los seres que van desfilando en esas páginas está allí para denunciar nada, para defender nada ni para convencer a nadie de nada, como no sea de su presencia inobjetable, evidente, sin otra razón de estar allí que la vida, el ser que les ha dado el autor, nada más. En los segmentos en que está compuesta la novela, este desfile se irá haciendo más nutrido, más familiar y el ámbito en que se mueven los personajes se nos convierte, al llegar al tramo “Carta habanera”, en un mundo que llega a confundirse con la substancia misma de nuestro cotidiano vivir.

El humor no está ausente de esta obra singular, no podía estarlo, pero es un humor con el que debemos tener las precauciones necesarias en estos casos: al igual que en los grandes novelistas de la tradición clásica (tradición que, a mi juicio, llega hasta Thomas Mann o Martin du Gard) siempre hay el peligro de que ese humor revierta contra el lector y le deje una lección dulceamarga difícil de olvidar. Esta advertencia va para quien disfrute por ejemplo de la gracia y el ingenio de un capítulo como “Ceremonia del té”. Que el lector se ande con pies de plomo en este u otros episodios de Mariel, una novela con la que los críticos al uso van a tener que aguzar sus herramientas y prescindir de la facilidad de frases hechas y fórmulas convencionales.

Esta obra de Prats Sariol es uno de esos libros exigentes por el rigor de su construcción y por la profundidad ejemplar de las vidas que allí respiran por su propio peso y virtud convincente".

Álvaro Mutis

Biografía del Autor.
(La Habana, Cuba, 1946). Poeta, ensayista, narrador y profesor universitario. Graduado de Lengua y Literaturas Hispánicas (Universidad de La Habana, 1970). En su rica bibliografía sobresalen los títulos de narrativa: Mariel (1997, 1999), Guanago Gay (2001) y Las penas de la joven Lila (2004). Autor de libros de crítica como Estudios sobre poesía cubana (1988), Criticar al crítico (1983), Leer por gusto(2016) y Erritas agridulces (2016), entre otros. Junto con un grupo de críticos literarios preparó, en 1988, la edición de Paradiso para la Unesco. Ha ofrecido conferencias en universidades y centros culturales en diversas partes del mundo. Fue huésped becado de la Casa del Escritor de Puebla, México, durante dos años, en donde coadyuvó en la preparación de escritores noveles, creó la revista Instantes, bajo los auspicios de la Universidad de las Américas y colaboró en varias publicaciones literarias locales. Ha publicado el libro de ensayos Lezama Lima o el azar concurrente (Ed. Confluencias, España, 2011). De él, dijo José Lezama Lima: “Armado de un sentido crítico que colma en la balanza la trenza de la lechuza y el arcoíris del zunzún”.

Leer un fragmento del libro.



Industria henequenera en Mariel




Industria henequenera ubicada en el poblado llamado con el mismo nombre del municipio Mariel, antigua provincia Pinar del Rio.



Antecedentes

El ingeniero militar José M. Carbonell, buscaba un lugar donde cultivar la caña azúcar, pastos para el ganado o cultivar frutos menores.
Al analizar el terreno que era árido , secante cubierto todo de manigua y piedras, en la costa norte del Barrio Guajaibon, estos terrenos solo servían para el cultivo de henequén. Viendo que en Matanzas, Cárdenas y Yucatán,  se cultivaba en terrenos y climas similares.
Entre los años 1928 y 1930, se trabajó en la siembra de dicho cultivo. Después que el cultivo estaba bastante adelantado, traen las maquinarias de Mérida, México,  para raspar y desfibrar.

La industria

En 1935 la industria comenzó su elaboración. A principio las fibras producidas era para el consumo nacional, porque su producción alcanzó el millón de libras.
Pero en los años 1942 y 1945 su producción alcanzó los tres millones de libras. El 70% se exportaba al extranjero, debido a su alta calidad en la producción. Esta industria trabajaba todo el año.

Beneficios a primeros trabajadores

Esta industria proporciono trabajo a muchas familias en la zona (más de 200), construyendo la vivienda con agua y luz, reuniéndolo en un batey. Los trabajadores, primeramente abrieron huecos para colocar los postes para llevar líneas eléctricas desde el puente “mosquito” hasta la hacienda.
Estos obreros tenían familias numerosas, estando en situaciones difíciles, pues su economía no le alcanzaba para sostener sus hogares.

Labor realizada por los trabajadores

A los trabajadores de aquella época se le pagaba con salario que estaban muy por debajo de la labor realizada,no eran tratados de la mejor manera en cambio se le explotaba miserablemente.
Labores que realizaban los trabajadores: cortaban las hojas repasándolas de la mata, contarles las puntas, quitarles de ambos lados las espinas, haciendo mazo amarrados, posteriormente chapear el surco, este trabajo era riesgoso.

Otras industrias

Con la colaboración de intereses mexicanos se hizo una importante fábrica de sogas y cordeles que se instaló en el término municipal de Guanajay y sus fibras eran adquiridas de la fábrica de Henequén de Mariel.
Por los años 1938 también instalaron otra fábrica para procesar el henequén, en la hacienda propiedad del abogado y representante del Partido Autentico, , Rafael Carranza en la misma zona donde Carbonell había instalado la soya.
Carranza también tenía varios hombres para hacer igual trabajo. Producía un millón de libras de fibras. El salario  de estos obreros era sobre $0.25 día.
Estas industrias igual que las anteriores fueron intervenidas.
Hoy en día, está casi paralizada la producción de soga de fibras de Henequén, y su planta inicial, se descontinuo. 

Puente del Mosquito, fotografía tomada desde los sembradíos de Henequén.

Puente del Mosquito, cuando se comenzaba a construir, vista aérea.  En la imagen se aprecian los grandes sembrados de Henequén.

Fábrica de cemento René Arcay. Ex "Cementos EL Morro¨ Ubicada en el municipio Mariel, Artemisa, Cuba; fundada en abril de 1818, en aquella época contaba con dos modernas plantas de envase.

Reseña histórica

Antecedentes

En el año 1914, de modo puramente casual, llamó la atención al señor Mr. Galen L. Stone el mundialmente conocido banquero, por la gran cantidad de cemento exportado de los Estados Unidos  a Cuba.
Inmediatamente el señor Stone mandó a Cuba un ingeniero conocedor de materia prima para la elaboración del cemento, hallando en las canteras marieleñas la tierra arcillosa y roca caliza especial para la elaboración del mismo.
Mr. Stone encargó al señor Sheldon Bassett de New York que iniciara la compra de los terrenos en la Finca Mojica. Comprando la Compañía de Cemento por un precio mayor de $10 000.00 para la instalación de la fábrica. Bajo la superintendencia del ingeniero Mr. Ellis C. Soper que eran accionistas de 17 plantas de este tipo ubicadas en distintos países de la América.
Se establece la industria en la finca con el nombre de CIA Cubana de Cemento “El Morro” ubicada en Mariel (aquel entonces en la Provincia de Pinar del Rio ), hoy  Provincia Artemisa.



Primeros trabajos de construcción

En 1915 se inició la construcción y los trabajos para levantar la fábrica “ El Morro”. Después de subsanar todas las dificultades que conlleva la fabricación la misma contaba con tres nuevos hornos para la elaboración del cemento.

El primer embarque

El primer embarque se hizo en abril de 1918, la industria contaba con dos modernas plantas de envase, una ubicada en el puerto de La Habana en (Atares) y otra en el puerto de Nuevitas (Bufadero) en la provincia de Camagüey .
Para la entrega de cemento a esos depósitos la compañía poseía un buque y dos chalanas para el transporte de cemento a granel y un remolcador de 1,000 caballos de fuerza para el remolque de las chalanas.
Vistas aéreas del fabrica

Turnos de trabajo

Al inicio había dos turnos de trabajo y el personal se distribuía de acuerdo con su capacidad de trabajo.
Los turnos de talleres eran de ocho horas y los de producción eran de seis horas a condición del personal que hiciera falta en la producción, los jefes y capataces tenían potestad de decidir el personal que trabajaría o de expulsarlos de acuerdo a su voluntad.

Organización salarial

En 1925 en esa época se organizaba el trabajo. Los salarios estaban divididos en tres categorías: el personal peón $0.09 la hora, el personal que estaba frente al equipo $0.12 la hora y el personal más capacitado que eran los operadores, ganaban $0.17 la hora.

Nueva ampliación de la fábrica

En 1926 la fábrica amplió su capacidad de elaboración del cemento con tres hornos más, esto se debió a los planes de construcciones públicas.

Crisis económica

Sin embargo debido a la crisis económica de 1930 y los problemas políticos internos en Cuba, la demanda de cemento nacional disminuyó en una cuantía tan grande que la fábrica dejo de funcionar en 1931, durante siete meses, lo cual hizo que los trabajadores quedaran en una situación desesperada económicamente.
Como la compañía tenía demanda de cemento en otros países y una inversión paralizada desmontaron los hornos 4, 5 y 6 trasladándose para una fábrica en Brasil que estaba en proceso de construcción.
Años más tardes los obreros se organizaron, dirigidos por compañeros que organizaron el sindicato.

Después de caída del tirano Machado

En 1933 al producirse la caída del tirano Machado, el gobierno creado entonces reconoce el sindicato, obligando a la dirección de la fábrica a hacer lo mismo.
En esta época se empezó a extender recibo a los afiliados y a construir un local para el “Sindicato Trocha”. Después del triunfo de la revolución fue intervenida, siendo propiedad del estado cubano, convirtiéndose hasta nuestros días en la fábrica de cemento cubano "René Arcay".
Fuente: EcuRed.


Publicación fuera del Blog, sobre el tema.
Fábrica de cemento del Mariel: cimientos para el futuro

Foto: Luis Santana Ayala. Vista sector de la  planta eléctrica. a lo lejos las nuevas instalaciones de la actual fabrica. 

miércoles, 28 de junio de 2017

El rey del verbo.
Por: Luis Santana Ayala.  

Que no se digan las cosas, no significa que no se piensen, lo cual podría salvarnos de más de un problema en la vida.
Que un mago te muestre sus manos descubiertas, no significa que de una manera u otra no te engañe, pues son sus propias manos las que usa para distraerte y mientras realiza el gran truco, - el cual te sorprenderá tanto que pensaras que el tipo es genial, mientras el sonreirá y pensará al unísono, una vez más los hice tontos... suele pasar cuando votamos por un político de gran discurso, lleno de humanidad y populismo, en algunos casos una causa que aunque no es nuestra, nos imponen anulando nuestro derecho a querer y más aun a pensar como individuos, a disentir, a criticar y surgen frases como si no estás con la revolución estas en contra de ella. No caben los matices y diferencias como si todos fuéramos la vil reproducción de un Dios o aun peor de un dictador. 
Pero siempre hay un margen, una rendija por donde escurrirse y surge en el alguien en el público, cuya mirada fue tan ágil como para descubrir la distracción que nos hizo dejar de poner nuestra atención en lo verdaderamente importante. 
A donde quiero llegar es algo que aun no lo tengo muy claro, el cómo menos, lo único que tengo claro es que debo andar y que para bien o para mal, este es un camino que debo recorrer, de regreso al principio, escuchando y mirando desde el lado más difícil, es decir de afuera hacia adentro. 
En esto se sustentan toda las teorías evolutivas, de la cuales un gran porcentaje de nuestras creencias, para que se conviertan en certidumbres, irónicamente necesitan de un gran porcentaje de fe. 

Hace mucho tiempo sucedió, tanto tiempo que el protagonista ya murió, y es solo este echo que me lleva a escribir esta historia, aunque su nombre esta perpetuado en libros, muy bien escritos y un puñados de versos, casi inéditos. 
Descendiente de una casta acomodada, para cuando lo conocí, tenía menos plata que una puta sin clientes, y aun así, eso era mucho más de lo que tenía yo. Es que los cubanos además de la fe en la revolución o en la democracia no tenemos nada más que lo que puede nacer desde nuestro interior. 
Porque además ya nos olvidamos de dar batallas y la luz de nuestras utopías, se fueron marchitando entre en el actuar de quienes las siembran y una sociedad que nos invita y envuelve en créditos y falsas necesidades. Pero esa es otra historia.
Hoy quiero hablar del Rey de verbo. 
Desde muy pequeño destacó por su silencio, el mayor de muchos hermanos, lavo autos para llevar pan a su casa, de donde el papá tras una gran pena de amor terminó ahogando su vida entre vitrolas y bares. 
Pero como reza un dicho a nadie le falta Dios, y aunque no todos lo descubrimos a todos nos fue dado un don y su pequeño gran don fue el manejo de las letras, todo un amo del discurso, amoldaba, doméstica y sometía las palabras como nadie, antes lo hizo.
Un día revisando un diccionario descubrió una palabra homotética:
Que según el diccionario, es una rama de la teología pastoral, la cual se encarga del estudio del sermón o discurso religioso. Trata de manera principal sobre la composición, reglas de elaboración, contenidos, estilos, y correcta predicación del sermón, pero como el siempre fue un hombre de poca fe, lo interpreto como el arte de componer con palabras y frases en un discurso perfecto, extirpando el concepto religioso. 
Así el tiempo corrió y ya cuando apenas era un adolescente, se integró a organizaciones de todo, tipo donde iba ofreciendo sus servicios y en poco tiempo su fama fue en aumento, su servicio fue requerido por alcaldes, diputados, senadores, tanto como de líderes políticos, religiosos, y empresariales integraban su larga cartera de clientes. 
Muchas veces me toco verlo, moviendo sus manos, como quien dirige una orquesta sinfónica, organizando las palabras, los tiempos, los respiros, las aparentes reflexiones, que iba anotando metódicamente en un cuaderno, como quien escribe en un pentagrama, cada palabra tenia así, como en la música, las notas y acordes un espacio, preciso, los tiempos los silencios, eran medidos con precisión quirúrgica y al final de cada discurso, una gran ovación, preñada de abortivas arengas, vítores y aplausos, una extensión de mano muy disimuladamente protegida, hacia el publico y una retirada aun más discreta. 
Era tanta la demanda que muchas veces tuvo que rechazar propuestas muy lucrativas, sin embargo nunca nadie le escucho leer uno de sus discursos, pues era mudo.

domingo, 25 de junio de 2017

Afro-Cuban KINFUITI drum Ta Makuende Yaya, Palo Kongo friction drum

RULY RODRIGUEZ CAJON PARA FRANCISCO @QUIEBRA HACHA MARIEL

Danzas en Quiebra Hacha 2010

El Mariel de mis recuerdos Por: ANA LENSE LARRAURI

Mis padres, Adela y Pablo, frente a la Academia Naval del Mariel poco después de conocerse en 1953.
Cuando se menciona la palabra Mariel, la mayoría de la gente piensa en la llegada de 125,000 cubanos a las costas de la Florida hace 30 años.
Para mí, el Mariel tiene otro significado. Es mi ciudad natal, donde vivieron tres generaciones de mi familia, que emigró de España a Cuba. Nuestras vidas se desarrollaron allí: bodas, nacimientos, bautizos, funerales y, al final, el éxodo desde nuestro país.
De manera muy parecida a mi madre, Adela Jiménez; y a mi abuela, Nena Veiga, yo crecí orgullosa de ser marieleña, razón por la que en la primavera de 1980, mientras los cubanos llegaban a Cayo Hueso, me horrorizó la etiqueta peyorativa que se les dio, marielitos, simplemente porque habían salido por el puerto del Mariel.
Para entonces habían pasado 16 años desde que yo también escapé de la entonces dinámica ciudad 25 millas al este de La Habana, conocida por su bahía de aguas cristalinas y su puerto de gran calado. También era la sede de la prestigiosa Academia Naval, el alma mater de mi padre, y de la fábrica de cemento Portland, un gigante operado durante los primeros días de la república y el auge de construcción posterior a la Segunda Guerra Mundial, por españoles, algunos de ellos familiares míos.
Cuando los marielitos comenzaron a llegar a la Florida en 1980, el Mariel ya había sufrido 20 años de negligencia comunista e iba en camino a convertirse en la Pompeya cubana, una otrora ciudad portuaria destruida por la revolución.
MI NIÑEZ
Yo nací en el Mariel el 23 de julio de 1958, el año que explotó la revolución cubana. Mis recuerdos más vívidos de niña son los de perseguir cocuyos en las cálidas noches de verano y mantenerlos como mascotas en un recipiente de vidrio.
Los domingos los pasábamos con la familia y los amigos en la Finca Monte Verde, propiedad de mi tío abuelo Antonio y su esposa Margarita Estrada, quienes convirtieron una parte de la propiedad en un restaurante junto al mar, con bar al aire libre, playa, muelle, un dique flotante con piscina y cabañas grandes para actividades de entretenimiento.
En el Mariel aprendí que los cerdos comen de todo y que el machete es el mejor amigo del guajiro. Aprendí a las malas que los pimientos rojos del patio eran chiles y que no se podía tocar el altar de Santa Bárbara de nuestra vecina Josefina.
Aprendí que no debía echar frijoles blancos en los sacos de frijoles negros que la abuela Nena tenía en el almacén del Bodegón.
Y lo más importante, que los niños hablan cuando las gallinas mean. Como yo era una niña habladora, me lo recordaban a diario.
Las primeras frases en inglés que aprendí fueron put your head on my shoulder, por el éxito de Paul Anka en 1958 que mi primo Pepe, de 13 años, tocaba sin parar, y I love you, dos frases vitales para la supervivencia en Estados Unidos, me aseguró Pepe.
Entonces, de repente, como les sucedió a muchos niños cubanos de mi edad, los problemas políticos lo pusieron todo patas arriba.
Mi padre, Pablo Lense, oficial naval durante el gobierno de Fulgencio Batista, chocó pronto con Fidel Castro, una historia muy conocida en la familia.
Poco después que Batista fue derrocado, durante los carnavales de 1959, mientras era capitán de una embarcación de 90 pies del Servicio Guardacostas atracada frente a la sede de la Marina en la Bahía de La Habana, mi padre recibió permiso para unirse a mi madre en las festividades del carnaval.
A su regreso al muelle, el escampavías había zarpado. Cuando preguntó al marino que había dejado de guardia qué había pasado, le respondió con nerviosismo que el comandante Fidel Castro había ordenado que zarpara para ver mejor el desfile del carnaval.
En la mente de mi padre, era un viaje de placer y una infracción total de las normas navales.
Cuando el barco regresó a puerto, Raúl medio que se disculpó con mi padre por llevarse el barco sin su consentimiento, mientras que Fidel comentaba sobre la colección de lanzas que mi padre tenía en su camarote.
Papá supo entonces que su carrera estaba en problemas. Cualquier líder con esa osadía probablemente estaba dispuesto a hacer cosas peores. La campaña de mi familia para abandonar su querido Mariel pronto estaría a tope.
Para 1961, mi papá había viajado a Estados Unidos con un permiso de 20 días para visitar a su madre, que estaba gravemente enferma. En realidad abandonaba la carrera naval que adoraba.
En el caos que se había convertido el Aeropuerto de La Habana, una especie de Casablanca de cubanos desesperados por marcharse, nadie notó que lo que llevaba no era una visa de salida. Las autoridades de seguridad sólo se fijaron en la firma del permiso, S. Del Valle, asistente de Raúl Castro.
En un instante papá se fue.
LA SEPARACION
Cuando llegó a Estados Unidos solicitó asilo político, sin conocer las consecuencias para su familia en el Mariel. Y demoró tres años en volver a ver a su esposa, a mi hermano Pablo y a mí.
Después de la salida de mi padre, la búsqueda despreocupada de cocuyos dio paso a actividades más misteriosas mientras tratábamos de sobrevivir al nuevo régimen. Mi madre la pasó difícil, y trataba de ocultárnoslo, pero era una mujer sola con dos hijos en un mundo radicalmente nuevo.
Nuestra casa, desde la que veíamos la Academia Naval en la cima de una colina, fue ‘‘inventariada''. Agentes armados confiscaron el carro de la familia, la primera de muchas pertenencias "donadas a la causa revolucionaria'' en sus frecuentes visitas a la casa.
Cuando los veía venir, mi abuela me sacaba rápidamente del lugar mientras mi madre enfrentaba a los milicianos y a sus acusaciones de que mi padre era un traidor a la revolución.
Fueron tiempos difíciles para mi madre, una mujer de ojos verdes, muy lejos de los días en que la eligieron la joven más agradable del Mariel. Recuerdo la angustia de mi madre ante los insultos y amenazas de los milicianos.
Yo me agarraba a su falda como si pudiera protegerla de esos hombres enfadados con armas grandes. Una vez me puse a cantar una canción contrarrevolucionaria delante de ellos. Mi abuela me tapó la boca, temerosa de que todos pudiéramos terminar en prisión.
Finalmente, en noviembre de 1964, mi hermano de 3 años, mi primo Pepe y yo recibimos permiso de salida para viajar a México.
Mi tía Rosa, desesperada por salvar a su único hijo del adoctrinamiento comunista y de que lo obligaran a irse a cortar caña, lo confió a mi madre en su éxodo. Pepe se convertiría en nuestro ángel guardián.
Yo no vería nunca más a mi abuelo Emilio, quien falleció en el Mariel. Y pasarían otros siete años antes de volver a ver a mi abuela Nena en Estados Unidos.
ESPERA EN MÉXICO
Si hubo algo más difícil que abandonar el Mariel, fue esperar en la Ciudad de México por la visa para venir a Estados Unidos. La angustia de mi madre no mejoró mucho. De alguna manera, ser una joven atractiva que viaja sola con dos hijos pequeños creó sus problemas.
Su desesperación finalmente la llevó a pagarle a un coyote para que nos llevará de la capital mexicana a Matamoros para cruzar el Río Grande.
Así, el 15 de diciembre, con gran nerviosismo por parte de mi padre, eso fue exactamente lo que hicimos. Vistiendo indebidamente nuestras mejores ropas y a pleno día, nos subieron a unas balsas de goma y cruzamos el río.
Recuerdo mi alegría al ver la primera bandera estadounidense ondeando sobre Brownsville, Texas, al otro lado de la frontera, aunque llegué con los pantalones empapados de cruzar el río.
La odisea terminó al día siguiente, cuando volamos de Brownsville a Chicago para reunirnos con mi padre después de tres años de separación.
No podíamos estar más lejos del Mariel: había un frío horrible, eso es todo lo que puedo recordar ahora.
Y que mi padre hizo una bola de nieve y me la puso en las manos, como si me presentara nuestra nueva vida.
No quería que mi padre pensara que era una ingrata --él estaba feliz de vernos-- pero el frío me quemaba las manos.
Demasiado asustada para soltar la bola de nieve, di un grito que asombró a todos.
Más tarde esa noche fue mi hermano Pablo el que se puso a llorar, cuando para su horror, mi madre, con quien había compartido la cama durante los tres años de ausencia de mi padre, decidió irse a dormir con quien él consideraba un desconocido.
Hoy hemos llegado a entender la nostalgia que todavía abruma a mis padres, que han experimentado grandes pérdidas. Todavía echan de menos al Mariel. Y yo también.

VIDA FAMILIAR: A la izq., mi bisabuela Josefa (en el centro, vestida de negro), con su familia, alrededor de 1940., tras el funeral de su esposo, José, que falleció de un accidente en la bahía. Mi querida abuela, Nena, de pie detrás de Josefa con los brazos cruzados. Abajo, parte de la casa junto al mar de mi tía Margarita Estrada, la Finca Monte Verde. Varios parientes vivieron en la propiedad hasta 1966, cuando fue confiscada. Abajo, una vista panorámica de una zona residencial tomada desde la Academia Naval.